La tuberculosis, una seria amenaza global

La tuberculosis es un claro indicador de la pobreza, las injusticias e inequidades sociales


La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la incidencia mundial de tuberculosis (TB) está cerca de 10 millones de casos (2016), registrándose 1,7 millones de muertes por esta causa, predominantemente en países en vías de desarrollo. Se estima que un 40% de personas con TB no son diagnosticadas oportunamente, afecta a un millón de niños menores de 15 años cada año, 4.000 personas mueren por día, de los cuales cerca de 300 son  niños. Uno de cada cuatro pacientes fallece por esta causa. 

La tuberculosis es un claro indicador de la pobreza, las injusticias e inequidades sociales. Su presencia en un país es el resultado de la indiferencia de políticos insensibles y de su escaso compromiso para mejorar las condiciones de vida y de salud ante el drama causado por este flagelo que afecta a sus pueblos. La TB representa una de las crisis de salud más preocupantes del mundo al ser una de las enfermedades infecciosas más mortales según la OMS.

TUBERCULOSIS, RESISTENCIA A LA QUIMIOTERAPIA Y LOS NUEVOS RETOS

La resistencia a los medicamentos es consecuencia de un uso indebido de fármacos, surge al tratar con ellos a pacientes afectados de tuberculosis fármaco sensible de forma no suficientemente efectiva, eficiente y continua. El uso indebido de los fármacos es resultado de varios factores como la administración de regímenes terapéuticos inadecuados, agentes de salud que no insisten suficientemente y aseguren adherencia de los pacientes al tratamiento hasta el final, sin interrumpirlo. La fármaco resistencia que surge ocurre principalmente en zonas donde los programas de lucha antituberculosa son deficientes y resulta un indicador de la precariedad, poca efectividad y compromiso de los Sistemas Nacionales de Salud (SNS).

Mientras que los casos de pacientes con tuberculosis fármaco sensible se puede curar en un plazo de seis meses, las formas fármaco resistentes o multi resistentes exigen la administración de todo un arsenal de fármacos, que tienen más efectos secundarios, por espacio de hasta dos años. El surgimiento de tuberculosis multi drogo resistente (MDR) y extremadamente resistente (XDR TB), es un tipo de tuberculosis aun poco común, resistente fármacos como isoniacida, rifampicina, así como a fluoroquinolonas y a por lo menos a uno de tres medicamentos inyectables de segunda línea (p.ej., amicacina, kanamicina o capreomicina), formas que hoy se constituyen en un preocupante reto y desafío para la ciencia y la comunidad internacional. 

La incidencia mundial de casos multi drogo resistentes (TB-DR) se estima en 600.000, de los cuales fallecen alrededor de 240.000. Resulta claro, que hoy, se requiere nuevos regímenes terapéuticos para enfrentar esta creciente resistencia. Por ahora se usan contra ella esquemas considerados por muchos, como largos, complicados, principalmente bacteriostáticos, con desfavorables efectos secundarios. En zonas donde no hay tuberculosis multi drogo resistente o su incidencia es muy baja, las tasas de curación con esquemas convencionales para las formas sensibles, no resistentes, puede alcanzar hasta un 95% si el Sistema Nacional de Salud (SNS) funciona eficientemente. Si no es así, la ineficiencia en el SNS cobra vidas humanas, impunemente y lleva a cuestionar la calidad y seguridad de los servicios de salud y la capacidad de sus gestores.

La resistencia se ha notificado en al menos en 92 países reconociéndola como una seria amenaza global. Si bien se ha notificado, desde hace cerca de medio siglo y se dispone de algunos medicamentos nuevos, los estudios y ensayos de tratamientos más cortos y efectivos para afrontar esta TB resistente se confrontada a la cruda realidad que, aún más de 10 millones de personas enferman con TB en el mundo y el creciente el número de pacientes con TB resistente que resultan mucho más difícil de tratar. Solo un 25% (2017) de afectados por TB-DR acceden a las nuevas terapias. Si bien la tasa de curación es del 55%, la mayoría de estos pacientes no se diagnostica oportunamente y por lo tanto, no se trata de que no pueden acceder a los nuevos tratamientos por su precio prohibitivo.

PATENTES, AVANCES CIENTÍFICO-TECNOLÓGICOS Y EL DERECHO A LA SALUD

“La industria farmacéutica invierte en nuevos medicamentos para después, a través de la protección por patente, comercializar el medicamento, amortizar la inversión y obtener beneficios extremadamente altos”.


Cuando se produce un descubrimiento, los investigadores buscan proteger la propiedad del mismo. Para ello se recurre a la protección de la propiedad intelectual (PI), solicitando una “patente”, que es un contrato entre los «inventores» y el Estado (países), mediante el cual el Estado reconoce la actividad creadora de los inventores y les recompensa por la inversión que efectuaron para el desarrollo de su invento y por el riesgo comercial que asumieron, concediéndoles un monopolio temporal sobre el producto inventado de veinte años. 

Durante este tiempo, los propietarios de la patente tienen el derecho a ser los únicos que pueden vender el producto protegido en los países en que se solicite y les sea concedida la patente, al precio que ellos deseen, previamente aprobado por las autoridades administrativas, aunque ello no impide, que gracias a la protección de patentes, los medicamentos resulten entre tres y quince veces más caros que si se fabricaran sin la protección de la patente (llamándolos en este caso medicamentos «genéricos» que resultan significativamente más asequibles y baratos).  

Por su parte, los inventores deben poner a disposición de los gobiernos y sociedad toda la información sobre el nuevo producto inventado, información que debería estar al alcance de cualquier persona interesada, incluso de los competidores. Con ello se pretenden dos objetivos: por un lado, proteger lo que se denomina «propiedad intelectual» del inventor y por otro estimular la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) de productos para atender las distintas enfermedades. El titular o propietario de una patente, puede por su parte, otorgar una “licencia” autorizando a otro, la producción y fabricación de su invento, previo acuerdo de remuneración y por un periodo de tiempo establecido. El beneficiario de esta licencia ejerce todas o algunas de las facultades acordadas con el titular de la patente. Es en este entorno en el que se mueve la industria farmacéutica: inversión en nuevos medicamentos para después, a través de la protección por patente, comercializar el medicamento, amortizar la inversión y obtener beneficios, usualmente extremadamente altos, aunque en muchos casos los descubrimientos que se hacen, es gracias a fondos públicos que van, por ejemplo, a universidades, donde se costea la formación de los investigadores y que luego sus descubrimientos terminan en beneficio privado de las industrias. 

johnson

TUBERCULOSIS: ¿PROTEGIENDO LA VIDA O LA PROPIEDAD INTELECTUAL?

La compañía farmacéutica Johnson & Johnson puso en el mercado un nuevo principio activo y retiene su monopolio de fabricación con una patente válida y ampliada hasta el 2023.


En el marco anterior descrito, surge el dilema ético originado entre la tensión que se genera de ¿proteger los derechos individuales, la salud pública y el bienestar público?, o más bien ¿proteger los derechos de propiedad intelectual (IP) y las patentes? Surgen interrogantes tales como: el Estado recompensa la I+D y los descubrimientos, premiándolos con las patentes pero, ¿cómo se compensará a los ciudadanos, usuarios, pacientes que sufren y soportan una carga desproporcionada de riesgos, costos de enfermedad y desesperación, resultado de la indiferencia, las fallas en la gestión y el funcionamiento cuestionable de los Sistemas de Salud? Ante la presencia de una carga preocupante de episodios de enfermedad, ¿bastará con culpabilizar a los pacientes por su enfermedad?, o ¿hay que establecer responsabilidad pública y sanciones a la ineficiencia de los gestores que no adoptaron oportunamente medidas de precaución de riesgos?

La Bedaquilina surgió, gracias a la investigación, como el primer medicamento antituberculoso con nuevo mecanismo de acción, muy esperanzador, para afrontar la tuberculosis multi drogo resistente (TB-MDR). Fue aprobada para uso médico en los Estados Unidos en 2012. Hoy está incluida en la Lista de Medicamentos Esenciales ME) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, el costo para su uso en esquemas de 6 meses es de aproximadamente USD 900 en los países de bajos ingresos, USD 3,000 en países de ingresos medios y USD 30,000 en países de ingresos altos. La compañía farmacéutica Johnson & Johnson puso en el mercado este nuevo principio activo y retiene su monopolio de fabricación con una patente válida y ampliada hasta el 2023. Buscó la aprobación temporal acelerada del medicamento para  contribuir a enfrentar problemas derivados de una enfermedad desatendida como es tuberculosis. Sin embargo, hasta octubre 2016, solo 5.700 pacientes se beneficiaron de este descubrimiento debido a su alto costo.  

Así, el desafío de controlar y ojalá, algún día, erradicar la tuberculosis, resulta incrementado y mayor, ya que no solo basta tener una nueva terapia efectiva, sino también garantizar su acceso, es decir que los medicamentos nuevos, como la bedaquilina, sean seguros, efectivos, asequibles y accesibles para todas las personas, evitando injustas discriminaciones, ya que tuberculosis afecta principalmente a poblaciones empobrecidas, más vulnerables y a los descartados de los beneficios de protección social y condiciones dignas de vida. Si bien se dispone de nuevos avances terapéuticos y se busca priorizar el uso de diversos medicamentos orales para minimizar el uso de medicamentos inyectables, ¿de qué sirven estos avances, si no estarán disponibles para la mayor parte de pacientes que realmente los necesitan? Los nuevos regímenes de tratamiento recomendados, tienen una duración de 18 a 20 meses, elevan las tasas de curación, disminuyen el riesgo de mortalidad y evitan el sufrimiento de los pacientes y sus familias, pero la compañía farmacéutica productora persiste en proteger su monopolio, cuando debería adoptar medidas para que su producto resulte asequible para todos los afectados que lo necesiten. 

bedaquilina

PRIMERA REUNIÓN DE ALTO NIVEL SOBRE TUBERCULOSIS (TB) – 2018

El precio de bedaquilina no debería ser superior a los 500 dólares. Los activistas por el derecho a la salud, demandan a Johnson & Johnson que reduzca el precio del fármaco


El 24 de septiembre 2018, poco antes de la celebración de la primera Reunión de Alto Nivel sobre Tuberculosis (TB) de Naciones Unidas (ONU), la compañía Johnson & Johnson anunció una iniciativa integral de 10 años para apoyar el objetivo de la ONU de poner fin a la pandemia de TB para 2030, anunciando su compromiso de coadyuvar a salvar 1.8 millones de vidas y prevenir 12 millones de nuevas infecciones de TB en la próxima década, declarando que trabajará con sus socios para mejorar la detección de casos de TB no diagnosticados, ampliar el acceso a su novedoso medicamento para combatir la TB-MDR y que acelerara la investigación y el desarrollo (R&D) para descubrir fármacos de nueva generación. Su Vicepresidente Paul Stoffels anunciaba “la buena noticia que la compañía se compromete a hacer todo lo posible para crear un mundo libre de TB y esta iniciativa desatará el poder de la ciencia y la tecnología para cambiar para siempre la trayectoria de la tuberculosis”. Un anuncio que despierta expectativas y que merecerá un estrecho seguimiento desde la sociedad civil, especialmente en diferentes países afectados.

Quizá el anuncio oficial de Sudáfrica, en Junio del 2018, comunicando la determinación y voluntad del Gobierno de este país, de romper todas las barreras para el acceso a nuevos medicamentos contra tuberculosis, fue el detonante para la declaración de Johnson & Johnson. Sudáfrica, como ya lo hizo pioneramente en el año 2001, adoptando firmes medidas para facilitar el acceso a medicamentos anti retrovirales contra el SIDA, ahora busca que el 80% de sus ciudadanos afectados con TB-MDR tengan acceso a bedquilina, marcando una nueva era en la gestión de la TB-DR, priorizando el bienestar de sus ciudadanos y de los pacientes antes que solo cuidar y respetar los intereses económicos privados. La decisión de Sudáfrica fue calificada como una medida “audaz” por muchos expertos y activistas de la salud. Esta determinación puede influir en la OMS para cambiar su actual posición “conservadora” sobre el tema. Esta decisión se centra en las personas, antes que en los negocios y las utilidades financieras y resulta remarcable. Es la manera en que los líderes y los responsables de adoptar políticas públicas deben comprometerse para que las personas afectadas por TB merezcan más su atención.

El precio de Bedaquilina no debería ser superior a los 500 dólares. Los activistas por el Derecho a la Salud, demandan a Johnson & Johnson que reduzca el precio del fármaco a 32 dólares por cada mes de uso, o a 192 dólares por seis meses, particularmente en los países que afrontan alta carga de TB-DR. Para garantizar la asequibilidad a largo plazo y el suministro sostenible de bedaquilina, Johnson & Johnson podría expedir una licencia al Medicines Patent Pool (MPP) establecido como una entidad legal independiente en julio de 2010 y que alienta que las patentes están destinadas no solo a recompensar la investigación e  innovación, pero que a través de licencias, coadyuven a la producción de versiones genéricas, que sean asequibles y de calidad garantizada y el desarrollo de nuevas formulaciones. Estas licencias permitirían a los fabricantes de genéricos de bajo costo, distribuir medicamentos patentados en países en desarrollo. La competencia entre fabricantes podría contribuir a bajar precios, promoviendo genuinamente el acceso a nuevos medicamentos. Los Estados miembros de la OMS deben considerar, medidas similares, buscando mayor y genuino respeto a Derechos Humanos, como el Derecho a la Salud.

El actual Director de la Organización Mundial de la Salud, Dr.Tedros Adhanom Ghebreyesus sostiene que “la tuberculosis prospera donde hay pobreza, desnutrición y conflicto y que es necesario un mayor compromiso político, un incremento de las inversiones en investigación y medicamentos, responsabilidades claras para alcanzar los objetivos acordados en la Primera Reunión de Alto Nivel sobre TB”.

Lo cierto es que para una lucha efectiva contra la tuberculosis, es imprescindible fortalecer no solo los Sistemas Nacionales de Salud (SNS) cuidando por reorientarlos a un eficiente desempeño, renovando su compromiso con la filosofía, estrategia y contenido de la Atención Primaria Integral de Salud (APS), sino, sobre todo prestar mucha mayor atención a las Determinantes Sociales de Salud, entendidas como las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el desempeño del sistema de salud y las circunstancias y el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local. Estas medidas y acciones necesariamente requieren no solo de medidas de gobernabilidad, si no del ejercicio pleno de una buena Gobernanza desde la Sociedad Civil.

Óscar Lanza | Director Justicia, Salud & Desarrollo Bolivia

Fuente: nuevatribuna.es

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